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lunes, 17 de mayo de 2010

El Barça atrapa una Liga irrepetible

El Barcelona de Pep Guardiola sentenció frente al Valladolid un título de Liga que siempre pareció suyo, pero hubo de proteger hasta el último día por el acoso inquebrantable del Real Madrid de Manuel Pellegrini. Los nervios de la persecución aflojaron las piernas de los barcelonistas durante 10 minutos iniciales del partido número 38 del campeonato, pero tras ese preludio de inquietudes reaparecieron la confianza, el juego y los goles. Los de Javier Clemente se condenaron al descenso. [4-0: narración y estadíticas].

Usted ha sido testigo de una serie de hechos excepcionales en la historia Liga española de Primera División. Que un campeón sume 99 puntos con 98 goles (sólo 24 en contra) y el subcampeón 96 y 102 (35), respectivamente, no lo volverá a vivir, probablemente, en muchos años. Se han dado una serie de datos prácticamente irrepetibles en una Liga de 38 jornadas, consecuencia de la desigualdad entre los dos grandes de España y el resto de la competencia, que debería reaccionar.

El Barcelona se acercó al partido con tensión y seriedad. En contra de la opinión generalizada de que el Valladolid era pan comido en el Camp Nou, Guardiola mentalizó a su plantilla. Quizá se le fuera la mano, porque al comienzo merodeó por el desastre. Valdés regaló un balón a Barragán, éste vio a Manucho y el portugués tiró con fe a una puerta que parecía abierta de par en par. Puyol, en salto desesperado, consiguió desviar la pelota con un rodillazo.

Un tiro de Baraja, tres saques de esquina consecutivos sobre la portería azulgrana y la creciente indecisión del dúo Piqué-Valdés agudizaron la sensación de zozobra del líder. Pero, curiosamente, cuando llegó la noticia de un gol de Duda en Málaga, en contra del Real Madrid, la presión vallisoletana cedió y el Barcelona se encontró consigo mismo, sin acusar ya de manera tan notoria la ausencia de Xavi por sanción.

Primero con tiros lejanos y más tarde con arrancadas veloces, la construcción de Javier Clemente se agrietó. Y la desgracia, después de la jugada alegre de Pedro hasta la cocina pucelana, se cebó con el central vasco Luis Prieto, quien empujó el balón centrado sin peligro al interior de la meta que defendía.

Todo se vino abajo en el Valladolid. El Barcelona removió las entrañas del rival y lo tumbó con un segundo golpe rápido, esta vez con autoría absoluta de Pedro. Clemente no aguaría la fiesta que todo el Nou Camp esperaba y que se prolongó tras el partido con música, fuegos artificiales y el homenaje a una plantilla excepcional.

Para que no hubiera duda de que el jolgorio no se cancelaba, Leo Messi completó su suma de goles con dos más que le alzan a la cota 34 en esta Liga y lo confirma como Bota de Oro indiscutible del concierto europeo.

El Valladolid dejó de existir, deprimido en la cancha y en el transistor: los resultados ajenos también lo empujaron al amargo pozo. 'Si Manucho hubiera atinado aquella, quizá, quizá, quizá...' Esa canción martilleó, y aún lo hace, los cerebros de los pucelanos, que ya conocían lo difícil de la empresa.

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