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miércoles, 11 de mayo de 2011

Viejos fármacos, nuevos usos

La crisis de la industria farmacéutica se prolonga ya una década. A pesar del continuo aumento en la inversión, los medicamentos que logran el visto bueno de las autoridades reguladoras no crecen. Por eso, las compañías buscan otras vías para aumentar las ventas, como encontrar nuevas aplicaciones para productos que ya están a la venta.

Un fármaco contra el sida que es efectivo también contra el cáncer, uno para tratar las arritmias que puede ser útil en los tumores de próstata, un antidiabético eficaz en la degeneración macular... La identificación de nuevos usos para medicamentos prescritos habitualmente es cada vez más frecuente. Esta estrategia puede acelerar la aprobación de nuevas terapias y mejorar los resultados de las farmacéuticas.

Llevar un medicamento al mercado es muy caro, entre 500 y 2.000 millones de dólares (1.000 millones de media), según un informe de la Comisión Federal de Comercio de EEUU elaborado en 2006. Y los que llegan, con dificultad alcanzan un volumen de ventas alto. En el periodo de 2000 a 2004, sólo dos de los nuevos fármacos aprobados en este país entraron en el top 100 de los más vendidos.

Ahorro de costes

Cuando un fármaco recibe el visto bueno, se conoce su perfil toxicológico, cómo se comporta en el organismo, las dosis terapéuticas... Esta información se obtiene a través de los ensayos preclínicos y clínicos por los que deben pasar. "Una de las formas de ahorrar costes es encontrar compuestos que tengan estos perfiles ya definidos y que puedan ser efectivos para otros usos", señala un trabajo publicado en la revista 'Cancer Discovery'.

Las vías para alcanzar este objetivo son diversas. Por ejemplo, en el caso del citado estudio, los autores rastrearon 'in vitro' la capacidad de una biblioteca de compuestos capaces de inhibir el crecimiento de las células del cáncer de próstata y fueron reduciendo los candidatos hasta dar con la digoxina, un antiarrítmico.

En otros casos, se emplean potentes herramientas computacionales para comparar la estructura de los fármacos con la de las dianas (las moléculas sobre las que actúan) para dar con asociaciones terapéuticas desconocidas o para investigar a fondo los mecanismos subyacentes a los efectos observados.

"El análisis computacional nos permite buscar dianas que encajan con un fármaco concreto, como encontrar cerraduras que se puedan abrir con una misma llave", explicaba un estudio publicado hace unos días en 'PLoS Computational Biology'. Esta forma de encontrar nuevos usos para viejos compuestos "es un reto -señalaba uno de los autores- pero es difícil no creer que estos sistemas representan el futuro del descubrimiento de fármacos".

Una estrategia en alza

Uno de los casos más curiosos es el de la trístemente famosa Talidomida, retirada del mercado por sus efectos teratogénicos. Pero "ahora se ha vuelto a estudiar y se ha visto que tiene acción en ciertas enfermedades hematológicas", explica a ELMUNDO.es Concha Martínez, directora de Relaciones Institucionales de Celgene. El resultado es estos trabajos es que el fármaco se ha vuelto a aprobar en Europa para tratar el mieloma múltiple.

Martínez confirma la tendencia: "Tenemos muchas líneas abiertas de investigación con fármacos que ya están aprobados [...] es algo cada vez más frecuente".

Desde GlaxoSmithKline señalan que "un medicamento ya comercializado continúa siendo objeto de estudio y seguimiento, por lo que la identificación de nuevas indicaciones terapéuticas es algo frecuente en la práctica de I+D". Aunque subrayan que "no está relacionado con la crisis o con la falta de productividad de la I+D".

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