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martes, 1 de febrero de 2011

Oídos que pitan día y noche


Los acúfenos o 'tinnitus' son pitidos o zumbidos que se escuchan pero no provienen de un sonido real, sino de factores neurológicos que los expertos aún no acaban de comprender. Todos sufrimos efectos similares de vez en cuando, quizás un silbido que dura unos segundos o incluso un par de horas a la salida de un concierto de rock. Sin embargo, para los pacientes que los experimentan de manera constante pueden convertirse en un problema grave.

No sólo tienen que vivir con ese continuo y molesto soniquete que sólo ellos perciben, sino que se enfrentan a menudo a la incomprensión de los demás, ya que se trata de una afección relativamente desconocida y, además, es difícil entender que otra persona esté sufriendo por un susurro que nadie más oye. Ahora, un equipo de investigadores estadounidenses acaba de lograr, por primera vez, curar esta dolencia en ratas de laboratorio (a las que antes se les habían provocado acúfenos con estimulación nerviosa).

El estudio, que ha publicado recientemente la revista 'Nature', es aún un paso muy preliminar, pero también una esperanza para comprender mejor una dolencia que, hasta el momento, no tiene cura. Los científicos partieron de la hipótesis de que el 'tinnitus' se debe a un problema neuronal, localizado en la zona del cerebro que se dedica a procesar los sonidos, la corteza auditiva. Cuando empieza a perderse oído, se producen cambios en las señales auditivas que se envían al cerebro, y la corteza puede comenzar a dedicar demasiadas neuronas a una misma frecuencia, lo cual generaría el problema.

Cuando no hay ruido externo que amortigüe el 'tinnitus', es aún peor, ya que lo único que percibe el paciente es el efecto de sus propias neuronas activándose en exceso y provocando la falsa sensación de escuchar una determinada frecuencia acústica. Normalmente, ésta es un pitido agudo, pero también puede ser un zumbido, ronquido o cliqueo, en un solo oído o en los dos.

Estimulación con electrodos

Lo que han hecho los investigadores –del Instituto Nacional para la Sordera y Otros Desórdenes Comunicativos– es 'reentrenar' en las ratas la parte del cerebro que interpreta el sonido para que las neuronas causantes del problema vuelvan a su estado original. Para ello, estimularon con electrodos el nervio vago en la nuca de los roedores mientras los sometían a un tono auditivo en una misma frecuencia. Al cabo de varios días, lograron que más y más neuronas se especializaran en ese timbre, creando un acúfeno.

Para librar de él a los roedores, se les sometió a idéntico proceso pero estimulando el resto de frecuencias, excepto la que había provocado el problema. De este modo, las neuronas volvieron a repartirse con normalidad las distintas frecuencias auditivas y el acúfeno cesó, a juzgar por la conducta de los animales en comparación con el grupo de control (a los que se provocó pero no se curó después el 'tinnitus').

Los pacientes de acúfenos no suelen seguir ningún tratamiento y coinciden en que puede ser una experiencia exasperante. "Leí casos de gente que se sometía a tratamientos de lo más experimentales, exóticos e incluso a intervenciones donde seccionan el nervio auditivo", comenta Héctor, reconocido melómano que sufre acúfenos desde 2004, aunque no comparte esta visión extremista del problema: "Nunca me prestaría a nada de eso. Hace ya mucho tiempo que aprendí a escuchar música con los acúfenos, se puede. Los pitidos siguen ahí y estorban como siempre; es un ejercicio de desviar la atención". Incluso hay "días de tregua", preciados momentos para abandonarse a la "escucha detallada".

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