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lunes, 4 de julio de 2011

Brasil también decepciona en el debut


Si alguien les pregunta, ya pueden decir que Neymar juega por la izquierda en Brasil, aunque también se viene al centro, para combinar con su amigo Ganso, con el que comparte de todo menos peluquero. Neymar gasta cresta de iguana y tiene un regate en el área para cortar el hipo. Fuera de ella, intenta entenderse en los relevos con André Santos, su lateral zurdo. Y cuando le dejan metros para correr, no es sencillo derribarle, por mucho que apenas dé 60 kilos en la báscula. [Narración]

Neymar, ‘11’ a la espalda, atrajo toda la atención en el descorazonador debut de Brasil en La Plata. Tablas sin goles con las que resulta casi imposible presentar una candidatura para el tercer título continental consecutivo. Demasiado lastre ante la ordenada Venezuela, que formó con siete titulares barridos por España hace apenas un mes.

Un perro saltó al campo en la 1ª parte.

Un perro saltó al campo en la 1ª parte.

Dudas compartidas con Argentina, la otra favorita para la gloria, también obcecada en entrar por dentro, en ese embudo donde se ahogó el grupo de Mano Menezes, despampanante en los primeros minutos y más que mediocre después. Verdad es que no tardó ni dos minutos en probar los guantes de Renny Vega, un señor de Maracay que se pone bajo palos. Pero que nadie dude que ese amago de goleada en la primera media hora terminó en un ataque de nervios e impotencia, colgando balones de cualquier manera.

El soberbio arranque brasileño, donde ya pudieron marcar Robinho o Pato, con un derechazo al larguero cortesía de Alves, se fue demasiado pronto al traste. A la media hora, de repente, se le fue la fuerza y la fantasía a Brasil, presa además de los titubeos de Thiago Silva o Ramires. Su esquema 4-3-3, con Pato de referencia en el área y Robinho asomando el tupé por detrás, fue un cortometraje de arte y ensayo. Prometía mucho y se quedó en puro onanismo mental.

Los venezolanos tardaron en darse cuenta, aunque poco se les puede reprochar. Antes del descanso únicamente se acercaron con una cabalgada de Rincón, abortada por el árbitro, que decretó falta previa. Según avanzó el reloj, fue ganando la batalla física gracias a Lucena y César González. Hasta Arango se animó por la izquierda, con un par de envíos a los desmarques de Rondón. Nada serio para Julio César. Aunque en realidad, eso ya suponía una broma de mal gusto para cualquier selección grande.

Menezes movió sus piezas y la cosa no hizo sino empeorar. Dicho queda que Neymar encaró una y mil veces a Rosales, lateral del Twente. Con desigual fortuna en la banda y mayor picante en el área, donde se para en una baldosa y esquiva las cuchillas con el endemoniado ritmo de un sambódromo. Ganso también la pisa mirando el atardecer, aunque al son de Vinicius. El problema es que le faltó aire y terminó como su equipo. Exhausto y sin premio.

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