tanto monta monta tanto olga maria a monago como a Carlos Muñoz eso si solo pilla a los del PP costa de nuestros impuestos, amor incondicional por la buxaca de los corruptos

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lunes, 20 de diciembre de 2010

Un 'reality' en un burdel (el clásico kilombo)

Sí, leyendo el título del ‘post’ algunos pueden pensar que estoy hablando del casting de la actual edición de Gran Hermano. Reconozco que este año no lo estoy viendo, pero zapeando he podido comprobar que la mayoría de las concursantes no desentonarían a la salida del topless de mi barrio y ellos… bueno, muchos lucen la cejita depilada y la tableta de chocolate típica de muchos porteros de discoteca o camellos de polígono. Es lo que hay. A uno siempre le queda la duda si la gente joven en España es así en su mayoría o si, al ver estos especímenes humanos saliendo por la tele, los jóvenes quieren ser como ellos y copian sus estilismos o comportamiento. No sé. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? En fin, sea como sea, se trata de un formato televisivo quemado y achicharrado que se emite en muy pocos países y, en la mayoría de ellos, ha tomado una deriva decididamente erótico festiva para ver si así la audiencia deja de huir. En comparación a lo que se ve en el resto del mundo, el ‘edredoning’ o los gemiditos de placer de nuestros concursantes cuando les dan de beber y una hora sin cámaras son una ñoñería. Que conste, por tanto, que cuando hablo de un burdel no me refiero a la casa de Guadalix de la Sierra. Es uno de verdad. Se trata de un ‘reality show’ de la televisión norteamericana llamado ‘Cathouseambientado en un prostíbulo llamado Moonlite Bunny Ranch, y que se estrena muy pronto en Estados Unidos. Serán los reyes de la doble moral, pero televisivamente no se andan con medianías y no se escudan en experimentos sociológicos y otras tonterías a la hora de hacer negocio.


El concurso parte de una serie de documentales que la cadena norteamericana HBO realizó y emitió de un conocido puticlub del estado de Nevada. Tras el éxito conseguido por los reportajes, los productores del proyecto han decidido rizar el rizo y convertir el programa en una especie de show en el que se muestra el duro proceso de selección que siguen las aspirantes a entrar en la nómina del rancho de conejitas. Sí, el mercado de trabajo está así de mal en todas partes. Como en todos los concursos del género, las candidatas deben someterse al juicio de un jurado. En este caso son el dueño del burdel, Dennis Hof, la ‘madame’ del local, llamada Madamme Suzette (un poco obvio, sí) y una veterana trabajadora apodada Air Force Amy. Como en OT, vamos. Las pruebas que deben superar cada semana os podéis imaginar de qué van. Desde luego, no es imitar a Celine Dion…


Las escenas sexuales no se mostrarán abiertamente, sino que se ofrecerá a los telespectadores una versión ‘softcore’ debidamente editada y desprovista de los momentos más pornográficos. Visualmente hablando, claro, porque soy de los que piensan que todo el proyecto desprende un tufillo a rancio que echa para atrás. Vender algo tan triste como la prostitución como si fuera un sueño que alcanzar en la vida no deja de ser preocupante. Sin embargo, hay que decir que ‘Cathouse’ puede convertirse en un éxito porque reúne todos los ingredientes que han hecho triunfar a otros ‘realities’ televisivos. Por un lado, explota el lado sentimental y emotivo que tanto gusta a la audiencia. El tal Hof y la madamme actúan con las chicas como si fueran unos ángeles de la guarda melifluos, como Mercedes Milá cuando habla de ‘sus chicos’. El llanto está asegurado en más de un momento, porque de todas las concursantes, la que más la que menos tiene una biografía convulsa y variada. Por otro lado, las relaciones personales difíciles, cargadas de tensión, gritos, mal humor y competitividad mal canalizada, también tendrán su lugar en ‘Cathouse’. Y si nos ponemos a buscar más paralelismos, todo el conjunto recuerda un poco a ‘Supervivientes’, pero sin cocoteros. Al fin y al cabo, conseguir llamar la atención de un cliente para ganarte el sueldo no deja de ser una difícil prueba de supervivencia.


En cualquier caso, la polémica está servida y habrá que seguir atentamente para ver en qué acaba este experimento televisivo. Se me olvidaba: ¿el premio? Entrar a trabajar para el señor Hof y su rancho y ganar entre 5000 y 7500 dólares al mes, trabajando entre 12 y 14 horas cada día. Como para hacerle ascos al tema.

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