tanto monta monta tanto olga maria a monago como a Carlos Muñoz eso si solo pilla a los del PP costa de nuestros impuestos, amor incondicional por la buxaca de los corruptos

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lunes, 27 de diciembre de 2010

No hay que tirar nada


Decía Marlene Dietrich que nos reímos de la moda de ayer pero nos emocionamos con la de antes de ayer, cuando está en vía de convertirse en la de mañana. Es una buena razón para guardar los pantalones y camisas una o dos décadas. El problema, claro, es que no todo envejece igual de bien que la ropa y la línea que separa lo viejo de lo vintage es muy delgada y no conviene cruzarla en un despiste.

Tomemos, por ejemplo, la electrónica. Al igual que el año pasado he vuelto a Canarias a pasar las fiestas en familia y me encuentro con los viejos cacharros que usé durante los 90. Se amontonan en mi cuarto, entre otros, una HP Jornada 680, un escáner que pesa más que una máquina multifunción moderna, uno o dos walkman o un portátil Toshiba T1910 con pantalla monocromo, DOS, Windows 3.1 y una flamante disquetera. Creo que en el trastero hay también un Spectrum 48K, un Amstrad 6128 y un Amiga 500 pero no pondría la mano en el fuego.

Todos más bien inútiles.

En cambio un viejo Nokia 3210 que nunca llegó a un cajón de reciclaje de las tiendas de repente se ha convertido en lo más de lo más. Resulta que una empresa de diseño Francesa, Lekki, está rescatando viejos teléfonos móviles en un intento por “volver a lo básico” y atraer a los clientes que están cansados de las redes sociales, las fotos y el Twitter y que prefieren la simplicidad y estética de los móviles de los 90.

Vende dos modelos históricos: el Motorola StarTac y el mencionadoNokia 3210, con un precio de 130 y 85 euros cada uno (libres, ¡solo faltaba!). Tienen las mismas prestaciones de antaño aunque los colores de la carcasa se han actualizado. Sobra decir que por ese precio hoy se puede sacar algo más útil de la tienda. Tal vez no un smartphone pero definitivamente sí algo que permita almacenar más de 200 contactos.

Lekki aspira a concienciar a los usuarios del lado feo de la industria de la telefonía móvil, donde la vida media de un teléfono es de sólo 18 meses a pesar de que por la contaminación que genera su fabricación deberían usarse durante media docena de años. Poco probable, sobre todo ahora que los móviles están dando un salto considerable en funciones y han cambiado su función principal de teléfono por la de plataforma de aplicaciones con conexión permanente.

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