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sábado, 11 de junio de 2011

Libia: un silencio ensordecedor

The Independent/ ICH

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Así que ahora estamos enviando helicópteros Apache a bombardear civiles libios. Una escalada de otra sangrienta guerra de la OTAN. O, en boca del coronel Jason Etherington, “sólo agrega algo más a la fiesta”.

Todos los medios se alinearon. Es una guerra para proteger civiles. Es una guerra para obligar a que Gadafi se vaya. Como si los gobiernos occidentales, con sus orgullosas historias de abusos contra los derechos humanos en todo el mundo, tuvieran algún derecho moral a juzgar al gobierno de Libia. La retórica de Etherington revela una verdad infame, esta guerra es un juego para nosotros, una ‘fiesta’ que vale la pena agrandar.

Hasta Al Jazeera publicó la historia aceptada de los ‘rebeldes’ que tomaban una ciudad tras la otra. Pero no transmitieron fotos desde Trípoli, la capital, donde, con la excepción de la campaña de bombardeo de la OTAN, la gente continúa su vida normal. Y nunca muestran imágenes de los crímenes de la llamada brigada ‘rebelde’, que atacó violentamente a libios negros y a ciudadanos africanos negros en el este del país, calificándolos de ‘mercenarios africanos’ contratados por Gadafi, a pesar del hecho de que todos los libios son africanos. No se informa de nada de todo esto porque no se ajustaría a la narrativa aceptada. Los adorables dirigentes rebeldes, muchos de los cuales trabajaron para Gadafi hasta hace solo unos meses, son nuestros aliados. Muamar Gadafi, el malo útil, es nuestro enemigo acérrimo.

¿A qué se debe tanto silencio? A diferencia de Afganistán e Iraq, que provocaron inmensas protestas en todo el mundo, la reacción a Libia ha sido relativamente sosegada. Nos han hecho creer una premisa falsa y, como diría Noam Chomsky, hemos permitido que fabriquen nuestro consenso.

Ahora, cuando la cortina de humo ha tenido éxito, el gobierno británico, por su parte, ya no necesita seguir disimulando sus objetivos. Lo que no quiere decir que lo haya hecho. “No vamos a fijar un plazo, dice William Hague. Claro que no, porque el imperialismo no conoce límites cuando ha iniciado una guerra.

Siempre me ha impresionado que la gente sea casi histérica en sus reacciones cuando tiene que ver con una guerra en la que participa nuestro país. Si uno observa la realidad de la situación, le acusan de no interesarse por los civiles libios, o de apoyar a un dictador. En realidad, es a nuestro gobierno al que le gusta apoyar dictaduras, y nuestro gobierno es el que está bombardeando civiles libios. Como Frank Natter escribió en su blog, ‘Straight Talk’, al principio de esta semana: “Todos los que pagamos impuestos consentimos tácitamente y financiamos indirectamente las bombas que se usan para matar a la gente en Afganistán y Libia. Para citar a Sartre: ‘no sois maravillosos, sois asesinos’.”

Esto no tiene nada que ver con la protección de civiles y todo con el restablecimiento de una debilitada dominación militar y económica en la región. Si se considera una lista de los pocos países del mundo en los que no hay bases militares de EE.UU., se hace mucho más evidente por qué nos hacen creer que algunos son nuestros “enemigos”.

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