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sábado, 10 de julio de 2010

Las bombas de insulina funcionan en los niños

Controlar los niveles de glucosa en sangre, minimizando los efectos secundarios, es el objetivo de la terapia contra la diabetes. Las bombas de insulina con sensor han demostrado su capacidad para cumplir satisfactoriamente estos objetivos, aunque su utilidad en menores no se ha observado. Ahora, un estudio publicado en 'The New England Journal of Medicine' indica que esta tecnología también funciona en los niños.

La bomba de insulina es un viejo invento que, con la llegada de los sensores para la monitorización continua de los niveles de glucosa en sangre, se han convertido en un sistema terapéutico muy útil. Los pacientes con diabetes tipo 1 evitan así tener que pincharse la insulina ellos mismos.

En adultos, estos dispositivos han mostrado su eficacia para mantener unos niveles glucémicos óptimos, al tiempo que reducen el riesgo de hipoglucemia –un problema serio y frecuente- y el aumento de peso. Sin embargo, en los menores de 25 años no se ha observado este beneficio.

El estudio STAR 3, dirigido por investigadores del Centro Internacional de Diabetes de Park Nicollet (Minneapolis, EEUU), ha analizado durante un año la eficacia de estas bombas con sensor frente a la de las inyecciones de insulina en 485 personas (329 adultos y 156 niños) con diabetes tipo 1 mal controlada. Los pacientes fueron reclutados en 30 centros de EEUU y Canadá.

Los responsables del ensayo asignaron de forma aleatoria una u otra terapia a los participantes. El dispositivo empleado consiste en una bomba de insulina que lleva un detector que mide la glucosa en sangre cada minuto y muestra los resultados en una pequeña pantalla. Además, tiene un sistema de alarma regulable para niveles altos o bajos.

La glucemia de los miembros del grupo de la bomba "cayó rápidamente desde el inicio hasta los tres meses y permaneció más baja que la de los tratados con inyecciones de insulina durante el resto del ensayo", señala el artículo. Tanto en adultos, como apuntaban trabajos previos, como en niños.

"El 44% de los niños y adolescentes del grupo de la bomba y el 20% del grupo de la insulinaalcanzaron los niveles de glucemia recomendados por la Asociación Americana de la Diabetes" para estos grupos de edad, añade el estudio.

En cuanto a la aparición de efectos adversos, los resultados también son positivos. La aparición de hipoglucemia, un trastorno frecuente en personas con los niveles de glucosa permanentemente monitorizados y que puede tener graves consecuencias, no aumentaron entre los que portaban una bomba.

"Los beneficios de la vigilancia continua de la glucemia se han demostrado en este y otros estudios", subraya Howard Wolpert, del Centro de Diabetes Joslin (Boston, EEUU), en un editorial que acompaña al trabajo. Sin embargo, añade, "la adopción generalizada de estos dispositivos ha estado limitada".

Aunque hay algunos modelos experimentales que integran ambos aparatos, los que se usan habitualmente "no están funcionalmente integrados y el paciente necesita interpretar las mediciones continuamente", indica Wolpert. La necesidad de que los pacientes sepan controlar su enfermedad o las preocupaciones en torno a cuestiones estéticas –la bomba y el sensor van colocados en la cintura-, también influyen.