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domingo, 11 de julio de 2010

1.500.00 de catalanes se echan a la calle contra el recorte del Estatuto


El acto que vino a confirmar que cuatro años de rifirrafes en el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto han actuado como una verdadera fábrica de soberanistas. Los gritos en favor de la independencia y las estelades (banderas independentistas) dominaron la marcha pese a los esfuerzos del Partit dels Socialistes y del presidente de la Generalitat, José Montilla, para limitar la protesta en la demanda de lo pactado en el Estatuto ahora recortado.

Para el Gobierno catalán, la manifestación de ayer fue la respuesta a la "provocación" del Tribunal Constitucional , que publicó la sentencia del Estatuto precisamente el día antes de la manifestación. Ya antes de la marcha, Montilla vaticinó que la publicación de la sentencia serviría para aumentar la participación.

Todas las entidades convocantes coincidieron en que la manifestación fue incluso mayor que la de la Diada del 11 de septiembre de 1977, cuando el mismo escenario, el paseo de Gràcia, se llenó a rebosar en demanda de "libertad, amnistía y estatuto de autonomía". Hasta ayer, aquella manifestación era considerada como la más grande de la histórica democrática de Cataluña.

El presidente de la Generalitat desfiló detrás de una gran senyera y junto al presidente del Parlamento, Ernest Benach. Secundaban esta primera fila de la marcha los ex presidentes de la Generalitat Pasqual Maragall y Jordi Pujol y del Parlamento, Joan Rigol y Heribert Barrera. Con esta configuración, el presidente de la Generalitat pretendía resaltar el carácter institucional de la manifestación y evitar lanzar la imagen de estar encabezando una marcha independentista. No lo logró. Los problemas organizativos y la gran afluencia impidió propagar la imagen buscada por Montilla, puesto que el presidente de la Generalitat acabó prácticamente rodeado por banderas independentistas. Además, tuvo que escuchar abundantes gritos de botifler (traidor) e incluso tuvo que abandonar precipitadamente el escenario de la marcha por la actitud agresiva de algún asistente.

La manifestación fue organizada por la entidad catalanista Òmnium Cultural. Su presidenta, Muriel Casals, dijo que el acto demuestra la unidad de Cataluña contra los recortes del Constitucional. "No hay tribunal que nos tumbe". En la segunda cabecera de la manifestación desfilaron los líderes de los cuatro principales partidos convocantes, Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), Convergència i Unió (CiU), Esquerra Republicana (ERC) e Iniciativa per Catalunya (ICV). Los socialistas repartieron cientos de adhesivos con la cara de José Montilla y la inscripción "sigo creyendo en el Estatuto".

El lema oficial de la manifestación era Somos una nación, nosotros decidimos, pero dominaron los carteles que reclamaban la independencia. También se pudieron leer pancartas que rezaban: Constitucional, Tribunal franquista; Nuestra sentencia es la independencia; Nos roban 60 millones de euros al día; Catalonia, next state Europe'; Independencia=Necesidad; y Adiós España. Pese a las proclamas a la independencia de Cataluña que dominaron la marcha, el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol (CiU) rebajó el tono, asegurando que el verdadero objetivo de la marcha es "defender el Estatuto como lo queríamos nosotros", es decir, antes del recorte del Tribunal Constitucional.

El PSC también hizo hincapié en esta idea. Su vicepresidenta, Manuela de Madre, aseguró que la marcha era una muestra de rechazo a la "España preconstitucional del PP". El hartazgo de los manifestantes hacia España lo resumía contundentemente el cantante Lluís Llach, autor de l'Estaca: "Estoy hasta los cojones de que letras mías de hace treinta años sigan vigentes"

Convergència i Unió mezcló las proclamas soberanistas con las llamadas a la responsabilidad. Su líder, Artur Mas, aseguró que "Cataluña, lejos de rendirse, se muestra dispuesta a alzar su voz pacíficamente pero de forma contundente". Los dirigentes de Esquerra Republicana rezumaban satisfacción pese a las incógnitas de si serán capaces de capitalizar el nuevo voto independentista.

Si la marcha fue incómoda para Montilla también destapó contradicciones en la federación nacionalista. Las juventudes de Convergència Democràtica desplegaron una gran pancarta que rezaba Catalonia is not Spain. Lo hicieron justo enfrente del hotel Majestic, que fue precisamente el escenario de los pactos de CiU con el Partido Popular en 1996 que permitieron a José María Aznar alcanzar la presidencia del Gobierno.

La conclusión de los partidos catalanistas fue que tantos años de cuestionamiento del Estatuto, aprobado en referéndum en 2006, han servido para sumar adhesiones a la carta autonómica ahora recortada. Si en el referéndum de 2006 solo acudió a votar el 48% de la población, las encuestas reflejan ahora un apoyo mucho mayor al texto, así como un aumento del sentimiento independentista.

"Hace mucho tiempo que buscamos el encaje con España pero ahora ha llegado un punto en que es independencia o nada", comentaba Montserrat, una madre de familia que confesaba no haber acudido casi nunca a una manifestación.

La duda es ahora hasta dónde aguantará la unidad de las fuerzas catalanistas en defensa del Estatuto, máxime cuando las elecciones en esta comunidad autónoma están a la vuelta de la esquina. Joaquim Nadal, hombre fuerte del PSC en el Gobierno catalán fue contundente. "La unidad tiene que aguantar como sea".


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