tanto monta monta tanto olga maria a monago como a Carlos Muñoz eso si solo pilla a los del PP costa de nuestros impuestos, amor incondicional por la buxaca de los corruptos

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jueves, 11 de diciembre de 2014

Noche de estrellas en el Camp Nou

El Barça ataca o defiende, ha dejado de jugar a fútbol, o al menos juega de una manera diferente a como solía cuando mandaban los centrocampistas, porque su idea del juego colectivo ha perdido peso ante el poderío de sus delanteros: Neymar, Luis Suárez y Messi. Marcaron los tres y los azulgrana se apuntaron una victoria muy estimulante por la categoría del rival, hasta ayer invicto; por el escenario, pocos como el Camp Nou; y por la entidad del torneo, la Copa de Europa. El Barça entrará en el sorteo de octavos con ventaja, como primero de su grupo, después de protagonizar un meritorio remonte ante el PSG: 3-1, cerrado por el omnipresente Luis Suárez.
No le anima al Barça más ambición que la de ganar partidos, uno después de otro, no quiere trascender ni marcar estilo, convencido de momento que el fin justifica los medios, y más en la Champions. Los azulgrana disputan muchos partidos en uno, mudan según las circunstancias, actúan en función del marcador, únicamente condicionados por Messi, de nuevo definitivo, decisivo a la hora de convertir un encuentro muy peligroso en una victoria reparadora, muy agradecida para la autoestima del Barça. Los futbolistas se acostumbran a sufrir para que resuelvan las estrellas: Messi, Neymar y Suárez.
A veces da la sensación incluso de que Luis Enrique se divierte más con las alineaciones que con los encuentros, convencido de que la suerte de su equipo pasa sobre todo por su capacidad de sorpresa. Ausente por sanción Alves, el Barça prescindió de salida de los laterales y jugó con los cuatro centrales en nómina, los dos medio centros y los tres delanteros de siempre, los únicos fijos ante cualquier rival, también ante el PSG. El técnico asturiano recuperó un despliegue muy barcelonista en las situaciones extremas desde los tiempos de Cruyff: el famoso 3-4-3. La interpretación de Luis Enrique, sin embargo, fue muy sui géneris, más bien un popurrí alejado de la ideología azulgrana por la ausencia de centrocampistas, sobre todo de Xavi, suplente con Jordi Alba y Rakitic.
Sin Alves, sancionado, el técnico prescindió de laterales y recuperó el 3-4-3
La novedad estuvo en la posición de Messi, reubicado como interior, mientras Pedro y Neymar abrían el campo y Luis Suárez ejercía de 9. El equipo se garantizó un mejor control, una de sus penalidades en París, y a cambio se desajustó a ratos en la presión, una concesión excesiva ante un contrario que se distingue por su fútbol de transiciones rápidas, y perdió inicialmente desequilibrio, más que nada porque le costaba que entrara en acción Messi. Activar al 10 era tan vital como auxiliar al indefenso Mathieu, enfrentado a un excelente extremo como Lucas Moura. Así se vio en el 0-1, cuando el brasileño centró para Matuidi, cuya dejada cayó a los pies de Ibrahimovic, infalible por primera vez como visitante en el Camp Nou, terminal en su remate sin parar ante Ter Stegen.
Anudado en ataque estático, el Barça encontró alivio en los cambios de orientación de Mascherano y la pujanza de Luis Suárez. Un balón largo del argentino acabó a pies del uruguayo, que se sacó un excelente centro cruzado para la llegada al segundo palo de Messi. Igualado el marcador, los azulgrana se esmeraron en las posesiones y en la recuperación, en la disputa de los balones divididos, cada vez más viriles ante un rival físico y táctico, a gusto con los duelos individuales que planteaba la zaga de tres del Barça. El partido se puso precioso por igualado y emocionante, imposible perder detalle en el Camp Nou.
El equipo azulgrana o ataca o defiende, ha dejado de jugar al fútbol
A pesar del sufrimiento de Mathieu y la descolocación de Busquets, incapaz de comprender el jeroglífico de Luis Enrique, los dos equipos intercambiaban golpes y ocasiones (Moura y Suárez), hasta que entró en juego Neymar: 2-1. El brasileño condujo de forma soberana un balón robado a Motta y antes de pisar el balcón del área soltó un disparo duro y ajustado a media altura imposible para Sirigu. Los errores estructurales, sin embargo, continuaban sin ser corregidos, de manera que aumentó la sensación de sufrimiento del Barcelona, de peligro del PSG, siempre bien enfocado a partir de Lucas Moura.
Las montoneras se sucedieron en el área de Ter Stegen. No paraba de sacar balones Bartra y achicaba y corregía Mascherano. El choque se puso tan difícil para el Barça que a Luis Enrique no le quedó más remedio que cambiar de plan con el marcador a favor: puso una defensa de cuatro con Bartra de lateral y entraron a escena Rakitic y Xavi. Luis Enrique recurría a los centrocampistas para recuperar el control del juego y Blanc daba entrada a delanteros en busca del 2-2. Los cambios aliviaron al Barça, que recuperó su mejor versión cuando Xavi se asoció con Messi, definitivo en la aceleración del 3-1.
El equipo que acabó el partido nada tenía que ver con el que empezó y, sin embargo, el Barça cantó victoria al inicio y al final, primero a partir de la paciencia y el esfuerzo, momentos en que parecía quemarle la pelota, y después por medio del talento, redimido por la pegada de las tres estrellas, terminales en un partido de máxima exigencia, justo cuando protagonizaban las portadas de la prensa de Europa. El Barça es consecuente con un póster ocupado por Neymar, Messi y Luis Suárez, un gol por barba contra el PSG.

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