tanto monta monta tanto olga maria a monago como a Carlos Muñoz eso si solo pilla a los del PP costa de nuestros impuestos, amor incondicional por la buxaca de los corruptos

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domingo, 20 de julio de 2014

Buscando su sangre paterna, encontró dos hermanos en EEUU

Ana María se siente feliz; la vida le regaló una alegría en los últimos días que de alguna manera mitiga un dolor que arrastró desde niña.
En diálogo con LA REPÚBLICA cuenta una historia de vida que aún tiene capítulos sin cerrar. Ana María, desde niña, sintió la necesidad de saber al menos más de su padre. Sin embargo, su madre Virginia pocos datos le aportaba. Solo los necesarios como para que fuera entendiendo que su padre había decidido marcharse sin demasiados motivos, cuando ella tenía apenas tres meses. El misterio encerraba una historia que su propia madre se preocupaba de hacer más cerrada, hermética en sus recuerdos, apenas para saber que su padre se llamaba Atilio Meneses. De niña sufrió mucho, tuvo “altibajos”, que atribuye exclusivamente a esa falta de una figura paterna, aunque cuenta que se lo imaginaba con miles de rostros. Ni una sola foto, ni una solo rasgo, apenas el que la madre le había descrito, “tu padre era  morocho alto y de pelo enrulado”. Escaso aporte para ahondar  la búsqueda.
Luego en la adolescencia –y aun después que se había casado y fue madre–, Ana María seguía con la necesidad de saber acerca de su padre, por lo que con una amiga y desde hace mas de treinta años, concretamente, comenzó una búsqueda más exhaustiva, primero con la guía telefónica, recorriendo los Meneses con s y con z en tiempos sin Internet. Sin obtener datos relevantes, la página de su vida seguía en blanco… “y seguía en blanco y a la vez me alejaba de mi madre, por no darme más datos, por no ayudarme a buscarlo”, cuenta Ana María, quien sostiene que su progenitora se encerró tanto en sí misma que no volvió a casarse ni conoció a nadie más.
Búsqueda intensa por todos lados
La búsqueda siguió luego en los registros del BPS, en Necrópolis, por la alternativa de que su padre fuera fallecido, “pero nada aparecía, ni un indicio, lo que me mortificaba aún más”. Cansada de buscar en el aire y sin obtener una sola pista en años de búsqueda, encontró en Internet una página, Adoptados en Uruguay, donde otras personas estaban en su misma situación. Colocó allí los pocos datos que tenía y lo dejó sin mayores expectativas. Sin embargo el primer indicio llegó hace pocos días, cuando una página de buscadores internacional, Servicio internacional Busca Personas, al ver la placa de Uruguay se interesó en el tema y se contactó con Ana María. “Yo no creía que si en mi país no había encontrado nada, cómo iban a encontrar algo afuera, aunque la llamita de mi esperanza no se apagaba”.
“Lo que yo no sabía es que esta persona, Fernando, de Catalunya, que fue el que se encargó de mi búsqueda, encontró en Estados Unidos lo que yo busqué tanto tiempo en Uruguay. Igualmente él, sin decirme nada, rastreó a dos personas y las contactó conmigo a través de Facebook y poco a poco fueron dándome indicios que eran mis hermanos, hijos de mi padre con otro matrimonio”. “Al comienzo me llamaron la atención las coincidencias de apellido y algunas situaciones, hasta que fui desconfiando. Le pregunté a este buscador si se trataba de mis hermanos y ahí me terminó de confirmar todos los datos. Mi padre había fallecido en Estados Unidos, pero a la vez encontré otra familia”.
El encuentro con hermanos
Ana María le lleva tres meses de edad a su hermana, lo que coincide con el momento en que su padre la abandonó. Resultó que su padre se vio en el compromiso de asumir la paternidad de dos hijos en menos de tres meses, por lo cual optó por desaparecer e irse a otro país con una familia. En Uruguay quedaban abandonadas una mujer y una hija, “pero no le guardo rencor a mi padre, hasta lo entiendo porque se asustó de la responsabilidad”, dice Ana María, quien agrega que hoy confiesa sentirse “muy feliz, hace apenas unos días que habló con mi hermana Mónica, con quien nos pasamos horas contándonos cosas de nuestras vidas vía Internet, ahora ya sí como hermanas, no como dos desconocidas. Ella vive en Nueva Jersey, tiene hijos y la verdad que de buenas a primeras me encuentro con la verdad que tanto busqué, pero aunque mi padre ya no está vivo, ahora tengo dos hermanos, Mónica y Daniel, y sus familias”.
Ana María cuenta una y otra vez las historias compartidas con su “flamante” hermana en estas horas vía Internet, confiesa haber derramado algunas lágrimas sobre algunos temas, “porque la verdad es una historia que me cayó de golpe por más que alguna vez se me cruzó por la cabeza lógicamente que quizás mi padre pudo haber hecho su vida con otra mujer y capaz tener hijos”.
La madre de Ana María no sabe nada de esta nueva historia, “no puedo decirle nada por ahora porque está muy mal de salud, y si le digo seguro la mortifico. Esto no sé cómo le caerá. De todos modos, quizás de a poco pueda ir diciéndole algo pero por ahora no me animo, sinceramente”.
Nuestra entrevistada confiesa que este tema “mortificó mi alma durante años, me hizo andar en psicólogos, en psiquiatras, pero si bien no pude darle un abrazo a mi padre como hubiera deseado, la vida me recompensó con encontrar otra familia y me siento súper feliz por cierto”.

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