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viernes, 31 de julio de 2009

Las masas son conservadoras, también en la Red, y frenan las ideas rompedoras

Salvo por la censura en algunos países, la Red es un espacio universal y democrático. Ésa es su gran virtud, y está basada en una especie de axioma, o de ley no vinculante, que rige sus protocolos de programación: el principio del end-to-end, que puede significar de terminal a terminal, de usuarios a usuario, o de igual a igual (peer to peer).
Gali asegura que la Red ha sido neutral ante avances como el P2P o Skype
En el móvil, sin embargo, el operador controla los contenidos
Schönberger afirma que la estructura de la 'web' obstaculiza la innovación
El 'software' de verdad novedoso se propaga mal por Internet
Este principio, que es el cimiento del juego internacional de protocolos ITP (Internet Protocol Suite), conmina a los programadores a situar los controles lo más cerca posible de los usuarios, o de la fuente y el usuario. Los protocolos que rigen el intercambio de información deben estar en los márgenes del sistema, por así decir.
Pero "el control está desplazándose de los márgenes a los proveedores de servicios que ocupan el centro del sistema", dice el politólogo Viktor Mayer-Schönberger, de la Universidad Nacional de Singapur. Mayer-Schönberger publica en la revista Science (325:396) un provocador análisis titulado ¿Podemos reinventar la web?
La conclusión de Mayer-Schönberger es que la actual arquitectura de la web es un obstáculo para la innovación. Y esto empieza por los mismísimos creadores de esa arquitectura: todos los programadores utilizan los mismos canales para presentar y discutir sus ideas (por ejemplo, el Facebook para programadores, diseñado por los propios programadores).
Esto no sólo reduce la diversidad intelectual, según el científico de Singapur, sino que de hecho estimula el adocenamiento, y prácticamente impide que las ideas realmente nuevas, las rupturas radicales con el pensamiento inercial del grupo, entren en el sistema, aunque sólo sea para poder discutirse en él.
"Los investigadores que apoyan la neutralidad de red (network neutality) temen que Internet pueda perder su impulso innovador", dice el politólogo. Según su análisis, los programadores deben "reconstruir" (rewire) desde cero, y por completo, las actuales redes sociales.
La neutralidad de red es un concepto importante. El presidente Obama lo llevó como un punto destacado en su campaña, y ha insistido en él desde la Casa Blanca. Y el Parlamento Europeo lo ha incorporado en el paquete teleco (Telecoms Package) de reformas legales sobre el sector, que aprobó por goleada el pasado 6 de mayo.
De ratificarse por los ministros de comunicaciones, el paquete teleco será la primera norma europea que reconozca el acceso a Internet como un "derecho fundamental", a la misma altura que la libertad de expresión. También forzará a las empresas de comunicaciones y a los proveedores de servicios de Internet (ISP) a comunicar a los usuarios cualquier violación de la intimidad de sus datos personales.
Y también estimulará la neutralidad de red, espoleando a los reguladores nacionales -la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) en España- a que "fijen un nivel mínimo de calidad para los servicios de acceso a Internet". Y también a que impidan a los proveedores ISP "degradar la calidad de ciertos servicios con su gestión del tráfico de información". La polémica sobre estos puntos -tanto entre usuarios como entre ministros- es considerable en toda Europa.
La compañía Apple sacó su nuevo navegador de Internet Safari 4 a principios de junio. En sólo tres días ya se lo habían descargado 11 millones de usuarios. "Pero estos programas suelen ser cambios menores del software que ya tienen las máquinas", dice Mayer-Schönberger. "Aunque estas puestas al día sean beneficiosas, dicen muy poco sobre la capacidad de Internet para innovar los códigos".
El científico de la computación Ricardo Galli, de la Universidad de las Islas Baleares, discrepa: "La hipótesis de Mayer-Schönberger es que la neutralidad de la red sólo sirve para facilitar la distribución del software que instalan los usuarios, y asume que esa es la innovación en Internet. Nada más lejano a la realidad". Galli no sólo es un experto en redes sociales, sino también el creador de Menéame, el primer agregador de noticias en español (una selección de noticias aportadas y votadas por sus propios usuarios).
"Cuando se defiende el end-to-end (o el peer-to-peer) como fundamento de la innovación se hace porque permite que cualquier pueda poner en marcha un nuevo servicio sin pedir autorización a nadie", explica el científico español. "Por ejemplo, cuando se inventó el http [protocolo de transferencia de hipertexto, la sintaxis de la red], o el ssh
[el protocolo para acceder a ordenadores remotos], no hizo falta negociar con las operadoras para que pudieran funcionar en todo Internet. Lo mismo vale para cualquier servicio de radio, vídeo, streaming, VoIP o P2P".
Esto demuestra que la Red ha sido "neutral" en esos casos, argumenta el científico, puesto que la neutralidad de red es necesaria para que esa distribución funcione. "Skype, por ejemplo, no ha tenido problemas en usarse y popularizarse en la Internet neutral, pero no ocurre lo mismo en Internet por móvil, donde no existe tal neutralidad".
Galli recuerda los casos de Apple, que prohibió el sistema de voz Google Voice, o el de operadoras como Vodafone y Telefónica, que prohíben explícitamente el sistema VoIP. "Estos problemas son más notables en Japón, donde la mayoría del tráfico pasa por operadoras móviles", explica Galli. "Allí tienes que negociar la letra pequeña de los contratos con las operadoras". (Hay un foro abierto sobre este asunto en http://twitter.com/kirai/status/2911033486).
Mayer-Schönberger, sin embargo, argumenta que el software verdaderamente novedoso suele propagarse muy mal por la Red. En parte porque es más cómodo seguir con el antiguo, pero también porque el efecto red (el boca a boca entre internautas) juega en su contra. Las masas son conservadoras por naturaleza, y la Red no ha cambiado la naturaleza humana. Incluso para un gigante como Microsoft, ha sido una pesadilla persuadir a los usuarios para que cambiaran su viejo Windows XP por el nuevo Windows Vista. "También el cambio del protocolo IPv4 al IPv6 ha sido dolorosamente lento", dice Mayer-Schönberger. La Red es más resistente al cambio de lo que suele pensarse, según el científico de Singapur.
La Red puede ser muy creativa. Wikipedia, la enciclopedia libre (www.wikipedia.org), no es sólo la principal web mundial de referencia y consulta, sino también la mayor enciclopedia de la historia. Sus 13 millones de artículos en 260 idiomas -medio millón en español, tres millones en inglés- han sido escritos o están siendo editados ahora mismo por 75.000 voluntarios de todo el mundo. Es una obra colectiva internacional. Y recibe 65 millones de visitas al mes.
El mismo software libre, o de código abierto (open source), es una forma enteramente nueva de crear programas que implica la intervención de los usuarios. La gente usa la versión inicial del programa, encuentra los fallos, discute los cambios y mejora mucho la versión siguiente. Todo eso es perfecto. El problema es la arquitectura de las redes que usan para comunicarse: las actuales redes sociales.
"La confianza en las redes sociales puede convertir el desarrollo de software libre en un sistema tan conservador como el comercial", dice Mayer-Schönberger. "Los proyectos de código abierto suelen constar de unos pocos programadores, y de muchos informantes o comentaristas, pero todos están conectados por una red social; y la arquitectura de las redes sociales no estimula la innovación radical".
La clave está en los agujeros estructurales, un concepto introducido por el sociólogo Ronald Burt, profesor de estrategia de la Chicago Booth (la escuela de negocios de la Universidad de Chicago). Las redes sociales son tupidas: cualquier usuario tiene un nexo directo con cualquier otro. Y estimular la diversidad requiere una arquitectura mucho más despejada, con penínsulas sueltas separadas por itsmos (los agujeros estructurales de Burt).
Los modelos de Burt no le sonarán extraños a un biólogo. El principal mecanismo de especiación, o generación de nuevas especies, es el modelo alopátrico formulado por el matemático Sewall Wright hace 80 años. Las poblaciones grandes -por ejemplo, una especie entera- son muy resistentes al cambio evolutivo, porque cualquier innovación tiende a diluirse, aun cuando sea beneficiosa.
Pero Wright vio que las poblaciones pequeñas y relativamente aisladas poseen, como mera consecuencia de su tamaño, unas propiedades estadísticas peculiares que las hacen proclives al cambio rápido. Las innovaciones ventajosas tienen más oportunidades de prosperar. Incluso una variante neutra -la que no aporta ninguna ventaja- puede imponerse como simple consecuencia del error de muestreo: el mero hecho de que la población pequeña no contiene inicialmente una representación justa de todos los genes existentes en la población grande, o en la especie.
Las nuevas especies, por esta razón, no suelen surgir de la transformación paulatina de una especie entera preexistente, sino de pequeñas poblaciones que habitan los márgenes del sistema. La innovación biológica también depende de los itsmos, o de los "agujeros estructurales" de Burt.
El problema con la arquitectura de las redes sociales actuales, según Mayer-Schönberger, es que carece de agujeros estructurales. No son penínsulas separadas por itsmos, sino un continente entero y compacto. Esta conclusión, sin embargo, no se puede considerar demostrada. "Mayer-Schönberger asume que las conexiones de una red social afectan negativamente a la innovación", dice Galli, "y ésta es una hipótesis como mínimo muy arriesgada".
El físico Albert-László Barabási, de la Universidad de Notre-Dame en Indiana, ha mostrado que Internet, como otros sistemas complejos, tiende a formar espontáneamente la arquitectura del mundillo (small world): unos pocos nodos están hiperconectados, algunos más tienen dos o tres nexos, y la mayoría sólo se conecta por un nexo. Bastan seis pasos -suelen bastar menos- para conectar cualquier nodo con cualquier otro, pero la arquitectura no es tupida, como en el primer modelo de Burt. Más bien presenta agujeros estructurales, o itsmos entre penínsulas hiperconectadas.
"Mayer-Schönberger asume que todos los desarrollos de software libre están basados en el consenso, o en comités", dice Galli. "Y esto no es verdad, hay muchísima diversidad en la forma de gestionar. Algunos proyectos son por grandes consensos, es cierto, y otros tienen comités, en efecto, y los hay con un dictador benevolente, como le suelen llamar a Linus Torvalds [el padre del sistema Linux) que toma la palabra final. Pero otros son más flexibles y dejan las decisiones a los responsables de módulos o aplicaciones".
"Si hay que elegir un término medio", concluye Galli, "las innovaciones son propuestas por una o unas pocas personas. Si convencen al responsable directo de ese módulo, prácticamente son aceptadas, y en algunos casos el dictador benevolente tiene la última palabra de si lo acepta o no en el código".

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