tanto monta monta tanto olga maria a monago como a Carlos Muñoz eso si solo pilla a los del PP costa de nuestros impuestos, amor incondicional por la buxaca de los corruptos

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viernes, 13 de junio de 2014

Neymar remata la faena del árbitro

No es fácil digerir el fútbol de Brasil y a veces cuesta admitir también que el sustituto de Ronaldo, Romario o Ronaldinho se llama ya Neymar. El 10, en cualquier caso, es el único futbolista que tiene pie en un equipo con mucho cuerpo, sin encanto, dispuesto a ganar los partidos por eliminación, también el de inauguración del Mundial. Necesitaron Neymar y Brasil de la ayuda del árbitro, el japonés Nishimura, para tumbar a Croacia, un buen equipo, vencido por el colegiado y por el portero Pletikosa.
El meta estuvo muy torpe ante Neymar. El brasileño le sorprendió con un tiro mordido desde fuera del área y después le dobló las manos en un penalti que se inventó el mismo colegiado japonés que en Sudáfrica ofició la eliminación de Brasil ante Holanda. Tampoco quiso saber nada Nishimura de una falta máxima a Olic. Hay viento de cola a favor de Brasil y de Neymar, que barrió el frente de ataque con perseverancia y mucha fe, convencido de que es el rey de un enfebrecido Brasil.
A calentar salieron los internacionales brasileños como si fueran curas que cantan misa ante la enfervorizada hinchada que coloreaba de verde y amarillo la grada del Arena de São Paulo. Aunque hay muchos brasileños que se manifiestan cada día contra la Copa y de acuerdo a las encuestas son del orden del 27% los que no les interesa el juego, el fútbol es una religión en Brasil. Los muchachos de Felipâo miraban al cielo con los brazos abiertos como si fueran un equipo de elegidos en busca del Hexa.
Ya no se habla del jogo bonito, ni de extremos como Garrincha, tampoco de dieces como Pelé y menos de figuras luminosas como el falso nueve Tostao. La presión es el mejor alimento para un grupo de templarios rematado por el encanto de Neymar. A capela cantaron el himno muy excitados y poseídos los futbolistas y los hinchas en una ferviente comunión, a veces incluso con un punto de ceremonia militar. El trance local duró tanto que el primer disparo a portería fue de Kovacic.
No estaba Brasil en la cancha sino en el limbo para suerte de Croacia. Las transiciones armadas por Modrid, Rakitic y Kovacic, siempre apuntando a las bandas, descuartizaron a Alves y Marcelo. Atacaban y no defendían los laterales y se relamía Olic, caído al costado izquierdo, siempre dispuesto a poner el centro para la llegada de los volantes o Jelavic, o para que metiera la pierna cualquiera de los centrales o incluso Marcelo, como pasó en el 0-1, cuando el madridista cerró mal ante Julio César.
Desbordado por fuera y sin enganche por dentro, superado Óscar, Brasil solo intimidaba a balón parado, sobre todo cuando el fiero David Luiz se agigantaba a la salida de los córneres, mal guardados por Pletikosa. Brasil se animó, con el paso del tiempo con las rupturas de Paulinho y sobretodo la cintura de Neymar, excelente en un quiebro a Rakitic sobre la línea de fondo que remató bien Óscar y repelió el portero de Croacia. Neymar salió con descaro al rescate de su equipo y firmó en persona el 1-1.
Agarró la pelota Neymar en una contra y antes de llegar al área remató mordido con la zurda al poste izquierdo del Pletikosa. No reaccionó el guardameta, lento y mal puesto, y en cambio el tobillo izquierdo del 10 provocó el estadillo del São Paulo. Quemaba el estadio y tronaba la ciudad por el gol del revoltoso Neymar. Vivo, ágil y pícaro, el delantero agitó el partido para bien y para mal, polvorilla como acostumbra a ser, porque igual que marca y regatea, después pierde tontamente la bola, defiende mal y más tarde se gana una tarjeta por un codazo a Modric.
El gol 32 de Neymar en su partido 50 envalentonó a Brasil. A falta de juego y de solistas que acompañen al 10, el equipo es muy poderoso físicamente, tiene vigor y ánimo, presiona y compite con intensidad, circunstancia que descubrió la falta de un volante central en Croacia. El equipo de Kovac perdió fluidez y alegría frente a la embestida de Brasil, dispuesto a ganar por intimidación, necesitado de un punto de pausa y cabeza, auxiliado de manera descarada por Nishimura.
El colegiado sancionó con penalti una caída de Fred, quien de espaldas a la portería e se desplomó como un saco de patatas ante el aliento de Lovren, sorprendido por el pito del árbitro. No fue falta y para rematar la jugada Pletikosa se tragó sorprendentemente el tiro de Neymar. Aunque pareció que había atajado el cuero, al final se lo tragó de mala manera y posibilitó el éxito de Brasil, rematado con un tercer gol de Óscar después que no atinara Croacia en un par de buenas llegadas ante Julio César.
Necesitó ciertamente Brasil al final de la ayuda de Dios, invocado al inicio en una liturgia que ya presagiaba que en juego estaba una cuestión de honor más que un partido de fútbol.

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