tanto monta monta tanto olga maria a monago como a Carlos Muñoz eso si solo pilla a los del PP costa de nuestros impuestos, amor incondicional por la buxaca de los corruptos

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lunes, 2 de junio de 2014

El desplome del PP dispara las alarmas del poder territorial

La merma de votos del Partido Popular en las elecciones europeas del pasado domingo, 2,6 millones de apoyos menos que en 2009, ha disparado todas las alarmas del poder territorial de la formación, que desde mayo de 2011 gobierna en 11 comunidades.
Si se confirma esta tendencia, el partido mayoritario podría perder Gobiernos autónomos como el de la Generalitat valenciana y, en menor medida, el de Madrid. En Andalucía, el descalabro —casi 10 puntos menos que el PSOE— alcanzó cotas sin casi precedentes y fijó lo que los asesores del PP llaman “suelo electoral”. Es decir, no se puede caer mucho más. Los principales dirigentes populares, con Mariano Rajoy yMaría Dolores de Cospedal a la cabeza, han rechazado en varias ocasiones, a lo largo de la semana, que el mal resultado sea extrapolable a unos comicios autonómicos. No obstante, el propio Pedro Arriola, sociólogo de cabecera del presidente del Gobierno, admite que se trata del termómetro electoral más fiable desde las últimas generales, por encima de cualquier encuesta, y que “unas elecciones se empiezan a preparar la misma noche en que se conoce el resultado de las anteriores”.
La dirección del PP, por tanto, diseña ya la estrategia para las municipales y autonómicas que se celebran dentro de un año. Y lo hace con preocupación máxima por los futuros equilibrios en la Comunidad Valenciana, donde podría perder una mayoría absoluta ya histórica, y con inquietud por la continuidad de gobierno al frente de la Comunidad de Madrid o del Ayuntamiento de la capital. A la espera de concretar un plan para conjurar un desastre autonómico, espera los resultados de un estudio detallado por territorios que ya ha encargado. 
La noche del 25 de mayo, no hubo brindis en el cuartel general de los populares. En Génova, 13, la frase más repetida era “el PP ha ganado las elecciones”, pero nadie, a pesar de los últimos trackings o sondeos internos de seguimiento, esperaba un panorama tan aciago para los dos grandes partidos. Y nadie celebró el resultado, al menos públicamente. La dirección encargó desmontar el escenario preparado ante la puerta de la sede central sin que nadie se atreviera a subir. Ningún dirigente salió al balcón para saludar a militantes y simpatizantes, como es habitual en las noches electorales. La foto, en cualquier caso, hubiera sido demoledora: en la calle de Génova solo aguardaban unas veinte personas.
El lunes correspondía reaccionar y, pese a la falta generalizada de autocrítica, algunos dirigentes comenzaron a dar la cara para expresar sus dudas sobre la acción del partido: el valenciano Alberto Fabra, los madrileños Ignacio González, Esperanza Aguirre y Ana Botella o el gallego Alberto Núñez Feijóo. El portavoz parlamentario, Alfonso Alonso, reconoció el martes que el Gobierno debe esforzarse ahora por cumplir más con su programa electoral. La mayoría de los dirigentes autonómicos son prudentes y evitan cuestionamientos públicos. Pero la sensación de intranquilidad está instalada en el PP. Comienza la batalla por el poder autonómico.
El portavoz parlamentario reconoció que el Gobierno debe esforzarse por cumplir más su programa electoral

Comunidad Valenciana.

La euforia contenida que días antes de las elecciones recorría el PP valenciano se vino abajo en cuestión de minutos. Los votantes confirmaron la tendencia augurada por la mayoría de las encuestas, uno de los mayores temores de la dirección nacional. Los populares no llegan el 30% de los votos, mientras que solo el PSOE y Esquerra Unida sumarían el 32%. En el Ayuntamiento, se produciría un empate técnico entre los dos bloques. Se trata de un escenario que llevó al presidente autonómico a reconocer desde el principio algunos fallos, limitándolos a la gestión de la campaña y a la comunicación. "Claro que estoy preocupado. Tenemos que hacer muchas reflexiones a todos los niveles. Si no, tenemos un problema", concedió el lunes antes de acudir al Comité Ejecutivo del PP. El barón popular, que lleva meses manteniendo un exacerbado -y soterrado- pulso con el Ministerio de Hacienda por la reforma del sistema de financiación, trató, además, de echar balones fuera y apuntar directamente al Ejecutivo: "Los ciudadanos no están contentos con la relación del Gobierno para con la Comunidad Valenciana". Fabra acometió esta semana una mínima remodelación de su Gabinete y prepara ahora cambios en el partido. Y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, también admitió el descalabro, pero no identificó ninguna solución: "En el momento más difícil, como es ahora, no voy a salir. Precisamente ahora es cuando no voy a dejarlo. No me tengo por una ratita política. Voy en el barco hasta que se hunda y el barco no se va a hundir".

Comunidad de Madrid.

Los dirigentes del PP madrileño, muy tocado por estas elecciones -pierde alrededor de 20 puntos en la región y en el Ayuntamiento-, son los que más se han refugiado en la autocrítica para ofrecer una imagen de sensatez política. Lo han hecho, en público y en privado, Ignacio González, Ana Botella y Esperanza Aguirre, entre otros. La presidenta de los populares madrileños llevó sus cuestionamientos ante Mariano Rajoy y el Comité Ejecutivo Nacional del partido del pasado lunes, donde pidió "cambios internos, externos y también en el sistema electoral". Aguirre admitió que la posible configuración del tablero autonómico con vistas a las próximas elecciones le parece "enormemente preocupante". "Tenemos que hacer una reflexión muy profunda. La clave está en acercar los representantes políticos a los ciudadanos por una parte y tenemos que hacer el debate ideológico que muchas veces no se hace", mantuvo en defensa de su proyecto político, más duro que el impulsado hasta ahora por el Gobierno de Rajoy. Estos resultados regionales y municipales serán, en cualquier caso, el punto de partida del líder de los populares para tomar decisiones relacionadas con la continuidad de González y Botella. El presidente autonómico ya dejó claro que quiere repetir como candidato. La regidora de la capital no lo ha manifestado tan abiertamente. Botella repetirá si se "dan las condiciones para hacerlo". Es decir, si el PP, que logró mejor resultado en el Ayuntamiento que en la Comunidad, remonta en las encuestas en los próximos meses.

Andalucía y Extremadura.

El descalabro del PP en Andalucía, mayor granero de votos de la formación, que pasa de ser el partido más votado en los últimos comicios autonómicos de 2012 a quedarse a diez puntos del PSOE de Susana Díaz, ha sido el primer termómetro para Juan Manuel Moreno. El nuevo barón andaluz, que asumió las riendas de la formación hace menos de tres meses, ha evitado la autocrítica y se ha limitado a asegurar que cumplió sus objetivos "con creces". Una estrategia que en Génova, 13 muchos consideran equivocada, sobre todo tras una situación de interinidad durante el mandato de Juan Ignacio Zoido. Los resultados de Extremadura, donde el PP se queda a tres puntos del PSOE, reflejan también que la estrategia de José Antonio Monago, que gobierna con el apoyo de Izquierda Unida, no es suficiente. No obstante, también el barón extremeño, que se ha enfrentado al Gobierno por la reforma de la ley del aborto y la hoja de ruta tributaria de Montoro, ha evitado la autocrítica: "El problema es que quien está en desempleo quiere resolver su problema cuanto antes".

El plan de Rajoy.

El presidente del Gobierno y máximo responsable de la formación fue muy claro en su declaración de intenciones, aunque eludió concretarla. ¿Qué debe hacer el PP para recuperar los votos perdidos, que atribuye mayoritariamente a la abstención de los fieles? Antes de nada, poner en marcha un plan de acción, tanto en el partido como en el Gobierno, para volver a conectar de la sociedad. ¿Cómo? Todos los dirigentes consultados apuntaban a una rebaja de impuestos como primera medida. Y eso ocurrió. El sábado, el jefe del Ejecutivo anunció en el Círculo de Economía de Sitges una rebaja impositiva a las grandes empresas que excluye las pymes. 

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