tanto monta monta tanto olga maria a monago como a Carlos Muñoz eso si solo pilla a los del PP costa de nuestros impuestos, amor incondicional por la buxaca de los corruptos

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miércoles, 2 de octubre de 2013

El hijo de un colaborador de la dictadura uruguaya pide que su padre sea juzgado

El uruguayo Camilo José Maraboto, residente en Italia, ha iniciado una campaña para que su padre biológico, Ariel Ricci, que supuestamente colaboró con la dictadura uruguaya (1973-1985) sea juzgado por los crímenes de los que se le acusa.
La campaña comenzó con un comunicado difundido el pasado fin de semana a través de las redes sociales en el que Maraboto, de 33 años y cuya madre es soltera, aseguró que Ricci reside actualmente en la localidad brasileña de Armacao dos Búzios, en el estado de Río de Janeiro.
Nacido en 1952, Ricci fue un dirigente comunista que en 1975 supuestamente traicionó a sus compañeros y pasó a colaborar con la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, órgano de persecución y represión política durante la dictadura uruguaya (1973-1985), según Maraboto.
Presuntamente está relacionado con el secuestro del líder sindical y militante comunista Oscar Tassino, arrestado en 1977 y fallecido en el centro de detención clandestino La Tablada, después de haber sido torturado.
La Justicia uruguaya lo requirió junto a otros 13 acusados de represión, después de que el pasado año un grupo de expresos políticos interpusiera una denuncia contra ellos por crímenes de lesa humanidad.
El abogado que presentó esta denuncia, Pablo Chargoñia, explicó que ahora tiene previsto "ofrecer a la Justicia uruguaya el testimonio" de Maraboto, con el fin de "avanzar para localizar a los denunciados, y que se les cite en calidad de indagados".

'Quisiera no tener su sangre'

Maraboto, que vive desde hace 13 años en Italia, asegura en el comunicado difundido a través de Facebook que nunca preguntó nada sobre su padre biológico. Solo hace dos años, cuando se casó y se enfrentó a "la eventualidad de un día ser padre", quiso "entender" sus orígenes.
Según relata, fue su madre la que le reveló la identidad de su progenitor y le explicó que cuando lo conoció ignoraba que Ricci fuese "un tira", es decir, un confidente de la policía de la dictadura.
A partir de entonces, el hijo del supuesto colaborador inició una investigación que le llevó a entrevistarse en Uruguay con personas que lo habían conocido, e incluso llegó a intercambiar con él varios correos electrónicos, según explicó a Efe el periodista y activista Roger Rodríguez, conocedor del caso.
"Quisiera no tener su sangre. Para mí sería más fácil vivir ignorando la verdad, pero no soy un cobarde. Elegí usar un arma más fuerte que mil revólveres: la palabra. Lo que hago, lo hago como uruguayo. Elegí no esconder la cabeza como un avestruz", asegura Maraboto en su escrito.
Sostiene también que su padre "piensa que ha vivido una tercera vida, pero el pasado pesa", sobre todo "a las familias de los desaparecidos", y reclama que el Estado uruguayo "asuma la responsabilidad" para que "nunca más exista terrorismo de Estado".
Chargoñia aclaró por su parte que los delitos imputados a Ricci son "crímenes de lesa humanidad" y, por tanto, "no prescriben nunca". Adelantó además que si se verifica que efectivamente Ricci se encuentra en Brasil "cabría la posibilidad de solicitar su extradición".

Resistencia al olvido

La dictadura en Uruguay, que interrumpió una larga tradición democrática en el país, dejó 38 desaparecidos en el país, según la Comisión para la Paz. Las desapariciones fueron en muchos casos fruto del Plan Cóndor, como se denominó a la coordinación de los órganos represivos de las dictaduras del Cono Sur.
En Argentina se denunciaron otras 182 desapariciones de ciudadanos uruguayos; en Chile, ocho; en Paraguay, dos, y en Brasil, una.
Al restablecerse la democracia en Uruguay fue aprobada la Ley de Caducidad, que dificultó el procesamiento de los responsables de los crímenes de Estado y que fue ratificada en dos referendos en 1989 y 2009.
Pese a ello, en Uruguay fueron condenados los dictadores Gregorio Alvarez y Pedro Bordaberry, ya fallecido, así como varios represores.

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