tanto monta monta tanto olga maria a monago como a Carlos Muñoz eso si solo pilla a los del PP costa de nuestros impuestos, amor incondicional por la buxaca de los corruptos

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domingo, 22 de junio de 2014

Los vuelos revolucionarios del TF-X

La conversación con Carl Dietrich para INNOVADORES, tras ser el primer medio que entra en el hangar del coche volador, continúa en su despacho de la dirección de Terrafugia en Woburn, una ciudad a unos 15 kilómetros, justo al Norte de Boston, en el estado de Massachusetts.
Le hablo a Carl el emprendedor, ése que ha decidido hacer algo diferente. «Imagina», le digo, «que soy el famoso inversor Marc Andressen que acabo de llegar de Silicon Valley y dice: Carl, me han hablado muy bien de ti y de tu empresa. Cuéntame tu proyecto Terrafugia. Como tengo poco tiempo, hagamos una conversación de ascensor, un 'elevator pitch', Cuéntame en dos minutos tu proyecto Terrafugia», le digo.
Carl contesta al instante, sin dudarlo: «Terrafugia está convirtiendo el coche volador, que era un sueño de la ciencia-ficción, en una realidad práctica, de una forma que va a revolucionar el transporte personal a lo largo de la siguiente generación. Tenemos un plan estratégico que empieza por un producto que podemos traer al mercado hoy mismo. Un coche volador para pilotos: el Terrafugia Transition y luego, además, añadimos un grado importante de autonomía en la empresa que permitirá que próximamente pongamos en el mercado un coche volador que cualquiera puede manejar de manera segura después de tan sólo cinco horas de formación. Pueden volarlo a más de 200 millas por hora e ir a cualquier lugar que deseen en un radio de 500 millas en menos de dos hora y media. Podemos hacer eso hoy, con la tecnología de hoy y la infraestructura de hoy. Terrafugia dispone de la propiedad intelectual que se necesita para ello y nuestro equipo ha estado trabajando con la FAA y la Administración Nacional de Seguridad en las Carreteras (NHTSA) y todas la autoridades regulatorias de EEUU que influyen en al creación de un coche volador. Hemos estado hablando con ellos desde 2006, así que sabemos cómo hacer que esto funcione. Ahora solo es cuestión de quién va a estar involucrado, quién va a invertir y ser la persona que va a hacer que esto ocurra».
Invito a Carl Dietrich a hablar de una de las claves de su proyecto: la innovación. ¿Qué tipo de innovación aplica en la empresa con su nuevo coche-volador TF-X: la disruptiva o la incremental?
El coche volador de Dietrich es un ordenador: no lo pilotas, interactúas con él y te lleva al destino que eliges
«La idea que tenemos ahora para la nueva generación, el TF-X, es sobre todo disruptiva. Es un producto con potencial para ser disruptivo en el mercado del automóvil, pero no lo voy a negar, hoy en día es una inversión con un riesgo alto. Para entender cómo mitigamos ese riesgo, hay que mirar la historia del transporte. En ella, los cambios importantes no suceden cada par de años, sino a lo largo de una generación. Eso es porque los cambios de comportamiento y en la percepción de la gente de lo que es seguro y lo que no lo es, son más lentos. Lo disruptivo es más fácil, por ejemplo en el software que en el transporte, un mundo en el que todos están preocupados constantemente por la seguridad. Por eso nosotros hacemos una combinación: en Terrafugia necesitamos una visión atrevida y disruptiva combinada con un plan estratégico incremental para poder mantener esa visión tan atrevida».
«Eso es el Transition», explica, «se llama así, no sólo porque es un vehículo de transición entre coche y avión, sino también porque es un producto 'transicional' que además de conducirse se puede volar. El plan incremental es lo que nos permite dar el paso al futuro con el TF-X pero, al tiempo, comprobar el modelo de negocio y el mercado vendiendo desde ya el Transition en un mercado muy conocido y cuantificable. Esto es lo que elimina en gran parte el alto riesgo de la innovación disruptiva».
«Tenemos un enfoque híbrido, sin sorpresas», explica Dietrich, «un camino incremental estratégico para conseguir mantener la visión disruptiva del TF-X, un vehículo híbrido con potencial de uso general que podrías operar sin tener que convertirte en piloto. Es un vehículo que puede despegar verticalmente, con dos motores híbridos eléctricos que pueden levantarlo y acelerarlo hasta la velocidad de vuelo de crucero. Una vez en velocidad de vuelo, se usa un motor de combustión de hidrocarburos que hace girar una hélice Ducted Fan (dentro de un conducto cilíndrico) con lo que se consigue un gran alcance. Después se invierte el proceso para realizar un aterrizaje vertical. Una cosa muy revolucionaria del TF-X es que va a ser un vehículo controlado por ordenador. Eso significa que tú no tendrías que se un piloto tradicional para poder operar, de forma segura, el vehículo. Tendrás que interactuar con el vehículo, decirle donde quieres ir, luego planificará la ruta ya que está conectado a una poderosa Red de datos que comprueba el tiempo, otro trafico aéreo; también, si hay alguna restricción temporal de vuelo que te impide pasar por ciertos espacios aéreos, etc. Comprueba todo eso en la red de datos, planifica el vuelo y luego es capaz de ejecutar el vuelo completamente hasta donde tu quieras llegar. Pero, de toda maneras, tú tienes poder de decisión final de, si es seguro o no, despegar o aterrizar en un sitio específico, porque son las personas y no los ordenadores quienes toman mejor las decisiones de alto nivel de este tipo. Nosotros llamamos al TF-X 'vehículo con alto grado de dirección asistida humana, con autonomía local'. El vehículo puede hacer el despegue o el aterrizar el solo, pero tú eres el que ha de tomar la decisión. No eres un pasajero, eres un operador. Tampoco eres un piloto. Eres un tipo diferente de operador».
Carl Dietrich en la sede de la empresa con las maquetas de sus modelos...
Carl Dietrich en la sede de la empresa con las maquetas de sus modelos de coche volador: el TF-X y el Transition. 
Es realmente impresionante lo que todo esto implica de cara al próximo futuro. «Sí, Terrafugia esta altamente involucrada en los nuevos estándares internacionales de vuelo para vehículos como el TF-X. Estamos participando en las nuevas directivas con reguladores de EEUU, Europa, China y Brasil, etc., para crear un nuevo conjunto de estándares de certificación que permitirá a los vehículos electrónicos aéreos, que tengan un alto grado de esta 'directiva humana con autonomía local' volar lo que llamamos un sistema de vuelo 'por cable', que es un tipo de tecnología que solo existe hoy en vehículos militares. Nosotros queremos traer todo esto a los vehículos personales para que todos nos podamos beneficiar de esta potente tecnología».
Terrafugia surgió dentro del ecosistema del MIT. Desde el principio Dietrich quería formar una empresa y estando cerca de Sloan, la Escuela de Negocios del MIT, en la que tanto profesores como alumnos que son gente muy asertiva para los negocios y suelen abordar a todo tipo de emprendedores que emergen allí, le pregunto si le aconsejaron que se formara con ellos en negocios.
«Hablé con ellos», explica, «me dijeron que debía tener gente 'especializada' o con experiencia en 'negocios' en el equipo. No me reclutaron a mí para que hiciese estudios de Economía o Negocios en Sloan, sino que me dijeron que buscara algún colaborador de los que ellos forman para incluirlo en el equipo. Así que, al principio de todo, encontré dentro de la Escuela de Negocios Sloan algunos candidatos que ya eran pilotos y que entendían las necesidades del mercado de una forma muy personal. Formamos un equipo fundador con tres ingenieros y dos estudiantes de Sloan que fueron los cinco cofundadores iniciales de Terrafugia».
"La mayoría de los ingenieros ortodoxos trabajan en Boeing o Lockheed Corporation, o en la NASA, y están dispuestos a aceptar cambios en el programa o a que les quiten la moqueta bajos sus pies"
El trabajo de la empresa no es precisamente sencillo, necesita soluciones de física, matemáticas, materiales, mecánica, aerodinámica, estética... y, ahora además, energía y ahorro de combustible. «Cuando era un joven estudiante tuve una estancia en una organización aeroespacial muy grande», afirma, «yo era una porción muy pequeña de un equipo muy grande, pero estaba muy emocionado porque entendía que aquel programa podría significar mucho, era algo muy relevante. Después de un mes, el programa fue cancelado y como ingeniero joven que era, no entendía por qué seguíamos trabajando en aquello. La respuesta que me dieron es que todavía habían fondos del presupuesto asignado. A mí aquello me parecía lo más ridículo del mundo, estúpido. Desde ese momento decidí que no quería trabajar ya en grandes contratos del Gobierno donde cada cuatro años podía cambiar la Administración y por ello, ocurrir que las cosas no lleguen a cuajar ni convertirse en realidad, en algo que podría tener un impacto en el resto del mundo».
Dietrich confiesa que «una gran parte de la industria aeroespacial gubernamental no funciona en ese sentido. Solo hay un gran cliente, el Gobierno y puede cambiar su opinión cada cuatro años. Eso no me llama mucho. Yo quería crear una empresa que hiciese un producto, que crease valor para mucha gente, y venderlo directamente a la gente que tuviera un problema, para ayudarles a que llegasen adónde ellos quería llegar. No soy un ingeniero tradicional. La mayoría de los ortodoxos trabajan en Boeing o Lockheed Corporation, o en la NASA y ellos sí están dispuestos a aceptar cambios de programa e incluso a que les quiten, de repente, la moqueta bajo sus pies con frecuencia. Decidí que no estaba dispuesto a aceptar eso».
«Por eso asumí un riesgo más grande, para crear una empresa que tuviera muchos clientes. He decidido hacer algo muy diferente. Hay gente que bromea o hace burlas a menudo sobre lo que hago. Tienes que estar dispuesto a reírte de eso y, a la vez, saber y creer que lo que estas haciendo tiene un potencial muy grande», continúa el fundador de Terrafugia.

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