Dicen los expertos que un cometa se observa en el cielo, a simple
vista, una vez cada cinco o diez años. Es, por tanto, una ocasión
relativamente rara. Y ahora toca. El cometa 2011 L4 Panstarrs,
descubierto hace un año y medio, se ha venido exhibiendo en exclusiva
para los aficionados del hemisferio Sur, pero ahora, en su trayectoria
por el Sistema Solar Interior, cambia de escenario y pasa a ser visible a
simple vista (aunque mejor con unos binoculares) en el cielo del
hemisferio Norte. Se verá como un punto luminoso con una difusa cola
elevándose verticalmente desde el horizonte, como un punto de
exclamación celeste. No supone ningún riesgo de encontronazo con la
Tierra, afirman los expertos de la NASA
que lo han estado siguiendo, seguramente sin olvidar la inusual
concentración de objetos de interés en el cielo en estas semanas. El
pasado 15 de febrero pasó a solo 27.700 kilómetros de la superficie
terrestre el esperado asteroide 2012 DA14, unas horas después de que
otro cuerpo, más pequeño y este por sorpresa, estallara sobre el cielo
de Cheliábinsk (en Rusia).
“No es muy brillante y va a estar muy bajo en el horizonte, por lo
que uno necesitará tener una perspectiva del cielo relativamente libre
de obstáculo hacia el suroeste poco después del crepúsculo y, por
supuesto, buenas condiciones meteorológicas”, señala Amy Mainzer,
experto de la NASA en el Jet Propulsión Laboratory
(California), en un comunicado de la NASA. Pero aquellos que se lo
pierdan tienen otra oportunidad cometaria también este año, a finales de
otoño, cuando puede ser espectacular el cometa Ison, recuerda este
científico.
Los cometas son bloques de hielo mezclado con polvo y rocas; cuando
se aproximan al Sol se subliman sus materiales y se forma una atmósfera
en torno al núcleo y esta, azotada por el viento solar, forma una cola
que se extiende en sentido contrario a la estrella.
La agencia espacial estadounidense tiene un Programa de Observación
de Objetos Cercanos a la Tierra dedicado a detectar, seguir y
caracterizar asteroides y cometas que pasen relativamente cerca de
nuestro planea mediante telescopios en tierra y en el espacio, incluido
uno en la cumbre del volcán Haleakala, en Hawai, donde se realiza el
rastreo panorámico del cielo Panstarrs que da nombre al cometa que ahora
se acerca al Sol.
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